30 de Junio de 2017

Rendimiento: ¿qué es la anticipación emocional?

Algunas situaciones que vivimos pueden generarnos emociones poco favorables. Para evitarlas o contextulizarlas debemos entrenar y gestionar nuestra corteza prefrontal para inhibir conductas automáticas y optimizar nuestro autocontrol.

Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar para el Desarrollo Humano).


Las emociones están reguladas por las áreas más antiguas de nuestro cerebro. Son un sistema de guía para que nuestro organismo se aproxime o evite los estímulos del mundo exterior y una de las zonas que compartimos con todos los mamíferos.

Junto a los instintos las emociones forman parte de nuestro sistema más primitivo: el sistema instintivo emocional. Este tiene como función básica la supervivencia de la especie humana y dos tipos de reacciones simples: la fuga de todo estímulo doloroso y el acercamiento a todo lo plancentero.

Podríamos definir a las emociones como predisposiciones innatas para la acción, dado que tienden a ponernos en movimiento. Este es un concepto multidimensional que incluye tres etapas: reacción física -taquicardía, palpitación, etc.- o fisiológica; reacción conductual o expresiva (rostro) y componente subjetivo o cognitivo (sentimiento).

Podemos caracterizar a las emociones por su precariedad para permanecer en el tiempo. Son momentáneas, coyunturales y están relacionadas con un estímulo sensorial. Nos aportan información muy valiosa. Incluso si logramos distinguirlas nos servirán de guía para tomar mejores decisiones. Los seres humanos tomamos decisiones emocionales que tratamos de justificar racionalmente.

Las emociones están relacionadas con nuestras acciones o comportamientos. Esto significa que si se logra estabilidad emocional se obtendrán actitudes y comportamientos más equilibrados. Por el contrario, no gestionarlas adecuadamente produce comportamientos oscilantes como una montaña rusa, caracterizados por la irregularidad en la conducta.

Por esta razón, podemos decir que nuestras emociones pronostican nuestros comportamientos: sin ellas no hay inteligencia que valga, además de que no podremos tomar ninguna decisión que sea exclusivamente lógica.

Técnica sin emoción

La técnica cumple un papel protagónico dentro de las dimensiones del rendimiento. Sin conocimientos y habilidades no se puede cumplir ningún rol o función. Es decir, para ejercer una actividad u oficio el punto de partida es tener un dominio técnico inicial que luego se debe ir entrenando, puliendo, profundizando y planificando. Sin técnica no hay rol posible, pero sin emoción no hay garantía de rendimiento.

Desde el punto de vista del liderazgo, podríamos expresar que gestionando exclusivamente la técnica de mis empleados seré jefe; pero al administrar su técnica y sus emociones me convertiré en un líder que potenciará el rendimiento de su gente. Esto significa que una adecuada gestión emocional representa una especie de palanca para el rendimiento sustentable.

Anticipación emocional

Con mucha simpleza y contundencia el Dr. Carlos Logatt Grabner, presidente de Asociación Educar para el Desarrollo Humano, nos explica que nuestro cerebro es, metaforicamente hablando, como una Ferrari con frenos de un Ford T; donde el sistema instintivo emocional simboliza la velocidad de reacción de la Ferrari y el sistema de la corteza prefrontal los frenos del Ford T.

Esto significa que la Ferrari encarna nuestro sistema instintivo emocional, el cual comienza a actuar, según algunos científicos, aproximadamente 125 milisegundos (medio parpadedo) después de la aparición de un estímulo o información provenientes del mundo exterior. Por su parte, la corteza prefrontal tarda unos 500 milisegundos (medio segundo) en tomar conciencia de lo que está sucediendo. Es decir, nuestro cerebro pensante o reflexivo -que intenta poner muchas veces paños fríos a las situaciones- siempre corre desde atrás. Si trazamos una analogía con el automovilismo, la emoción larga en la pole position (primera ubicación) mientras la razón la persigue desde atrás.

La forma de modelar y gestionar nuestras emociones e instintos es entrenando nuestra corteza prefrontal para inhibir conductas automáticas y optimizar el autocontrol.

Teniendo en cuenta que poseemos un auto lento (racional) y un auto rápido (emocional), debemos encontrar una forma de que el sistema lento pueda combatir o achicar esa diferencia de velocidad para modular nuestras emociones y reacciones.

Una técnica muy efectiva para acortar estas distancias es la anticipación emocional. Esto representa visualizar e imaginar comportamientos o eventos futuros trayéndolos al presente. Esta herramienta es muy útil a la hora de gestionar, por ejemplo, la emoción más antigua que es el miedo y un derivado que puede ser la ansiedad, tan comunes en nuestros tiempos.

Anticiparnos sería estacionar el auto lento delante del rápido o intentar que llegue primero a la línea de largada.

El miedo puede definirse como la diferencia entre una amenaza externa y los recursos disponibles para hacerle frente. Por su parte, la ansiedad puede ser vista como una preocupación por un evento futuro que pueda ser real o imaginario. En este caso, el miedo y la ansiedad nos transportan al futuro y una forma de administrarlo es imaginando y representando ese escenario probable en el presente.

Para el cerebro es un sedativo separar lo real de lo imaginario. Un evento futuro real es, por ejemplo, la fecha de un exámen, un próximo partido o un turno con el médico. Para realizar una efectiva anticipación emocional o ejercicio de visualización, deberemos, en primer lugar, alejar justamente lo real de lo imaginario.

Elaborada esta distinción, proyectaremos el escenario teniendo en cuenta días, horarios, lugares, motivos, personas, posibles situaciones y reacciones. Es decir, el entrenamiento (preparación) emocional para gestionar el miedo y la ansiedad consiste en poder imaginar esa situación futura en el momento actual.

En el caso de un examen final, podemos preparararnos pensando en el tema que rendiremos; dedicándole tiempo de estudio; trabajando las fortalezas y las áreas que se deban mejorar; previendo el lugar o ambiente en el que se realizará el examen; estudiando quién será el profesor (imaginar su rostro, cuál será mi vestimenta elegida, los colores, el ambiente y el lenguaje no verbal apropiado); eligiendo las palabras de apertura y qué otras personas estarán presentes; el horario; el almuerzo o cena previa; el contexto; la organización de los tiempos y agenda hasta la fecha del examen, etc.

La perseverancia para entrenar, ejecutando este ejercicio diariamente o varias veces a la semana, en un lugar apropiado, utilizando técnicas de relajación y respiración, con un registro corporal de cómo evoluciona el nivel de miedo o ansiedad cada vez que práctico, nos permitirá ir mermando los niveles de miedo y/o ansiedad para cuando llege el momento, en este caso, del examen final.

Experimentar este ejercicio implica hacer uso de la corteza prefrontal para anticipar futuras emociones. El resultado debiera disminuir los niveles de miedo y ansiedad a un lugar donde podamos desenvolvernos efectivamente. Esto no implica eliminarlos, porque sino estaríamos en un estado de relajación y fuera de foco. Hablamos de gestionar y modular a niveles óptimos para generar una acción efectiva. Al detectar nuestras preocupaciones y emociones las transformaremos en sentimientos, dado que les estamos poniendo un marco de consciencia, lo que forma parte de una buena gestión emocional a través de la técnica de anticipación.

Bibliografía:

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  • Kahneman, D. (2011). Thinking, Fast and Slow. Publisher: Farrar, Straus and Giroux. ISBN-10: 0374533555.
  • Ledoux J. (1998). The Emotional Brain: The Mysterious Underpinnings of Emotional Life. Publisher: Simon and Schuster. ISBN: 9780684836591.

Imagen: Be curious by Hans Pollner.


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