03 de Abril de 2017

El cerebro y la belleza

El cerebro y la percepción de la belleza tienen una estrecha relación. Ésta se genera a partir de la activación insular de determinadas cualidades en unión con el impulso de otras poblaciones neuronales dedicadas al procesamiento de algunos atributos del estímulo y de las emociones.

Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar para el Desarrollo Humano).


La belleza es definida como la cualidad que tienen las cosas o personas que generan placer visual, deleite o admiración. Sin embargo, la percepción por lo hermoso no es nueva, ya que el sentido de la belleza es innato y ha existido desde la creación del hombre.

Es parte universal de la experiencia humana, proporcionada por una construcción mental y por aspectos socioculturales como la historia, la religión, la época, el lugar adonde se vive, las experiencias personales y el estrato social. Todos estos factores determinan la variación en el modo de entender la belleza en las diferentes culturas, épocas y sociedades.

En la actualidad, se han modificado la transmisión de valores y modelos de conducta. Existe una disposición para dar un sentido vanidoso y de valoración exagerada a la belleza física y a las formas corporales, a tal punto que han generado que ésta sea un valor social agregado, dejando a un lado las características inherentes a la personalidad.

El aspecto físico, como apariencia, es el conjunto de características físicas y estéticas que posibilita ser percibidos diferente unos de otros y que resulta externo a la autopercepción. Por su parte, la imagen corporal es la representación del cuerpo que cada persona construye en su mente.

Esta doble visión del sujeto en la sociedad, tanto interna (autopercepción) como externa, no necesariamente está enlazada y se correlaciona de acuerdo con la realidad.

La condición subjetiva de la belleza activa en todos los individuos una misma área cerebral: la frontal del cerebro, responsable de una conducta tan específicamente humana como la de la percepción estética.

A través del uso de la técnica magneto encefalográfica (MEG), en el Instituto Pérez Modrego, de la Universidad Complutense, pudo establecer que es el córtex prefrontal dorso lateral izquierdo el que precisamente se activa junto a otras áreas relacionadas con las tareas visuales y con la percepción de forma y color.

Pero la activación del córtex prefrontal dorso lateral izquierdo es mucho más intensa en las láminas “bellas” que en las que no los son tanto. 

Por su parte, Semir Zeki, profesor de neruroéstetica en la University College de Londres, la cual se dedica a estudiar el cerebro ante las cosas bellas, sostiene que el cerebro actúa de una determinada manera y se enciende en zonas específicas ante la belleza. 

Pero así como distingue lo bello, el cerebro también lo hace con lo que considera feo. Según el autor, cuanto mayor es la belleza, mayor es la intensidad de la actividad en la corteza orbitofrontal medial, la cual, según explican los científicos, forma parte del centro de placer y recompensa en el cerebro. Algunos estudios efectuados en el pasado ya la habían asociado con la apreciación de la belleza, sin dejar de considerar, por cierto, la intervención de los sentidos en esta percepción. 

Otra observación interesante fue que la percepción visual de la belleza parece tener un efecto especial en el cerebro, ya que cuando se experimenta en una pintura, por ejemplo, se incrementa también la actividad en el núcleo caudado, zona que ha sido previamente asociada al amor romántico y, según dicen los científicos, “sugiere una correlación neural entre la belleza y el amor”.

Centrando la atención en una investigación de Giacomo Rizzolatti, Cinzia Di Dio y Emiliano Macaluso, del departamento de neurociencia de la Universidad de Parma, vemos que la respuesta cerebral ante esculturas clásicas del Renacimiento, consideradas como la representación normativa de belleza en Occidente, determina que existe una base biológica en la relación belleza y cerebro. Esto se debe a que la observación de las estatuas sin modificar, tal cual fueron creadas en el Renacimiento, generó una fuerte activación del lóbulo insular derecho, particularmente potente durante la condición de observación simple (sin emisión de juicios).

Según los autores, este lóbulo insular derecho se haya estrechamente conectado con estructuras límbicas asociadas a funciones autónomas, por lo que se piensa que desempeña un papel importante en sustentar estados emocionales. También recibe aferencias de áreas prefrontales dedicadas al procesamiento de las formas que se perciben, por lo que concluyen que la alta activación insular es debida a la existencia de grupos neuronales en estas áreas prefrontales que envían sus señales al lóbulo insular.

Una condición del juicio "bonito-feo", cuando las estatuas fueron juzgadas como bonitas, fue la activación de la amígdala derecha, conjunto de núcleos subcorticales asociados a las emociones tanto positivas como negativas en los humanos y en el resto de mamíferos.

Cuando las estatuas fueron juzgadas como feas, en cambio, se obtuvo un inesperado crecimiento de la activación del área somato motora y una llamativa disminución de la activación del córtex orbitofrontal, área asociada a la capacidad de controlar el comportamiento en situaciones irritantes o molestas, por lo que se considera que la activación somato motora se trata de una respuesta encubridora de “comportamiento correcto” ante la percepción no agradable.

Por tanto, existen diferencias evidentes entre lo que cada individuo considera bello. Por esta razón, defender a ultranza una experiencia única y global de belleza sería insostenible. 

No obstante, es evidente y necesaria la existencia de un sustrato fisiológico para la experiencia de la belleza. Al respecto puede decirse que la relación entre belleza y cerebro consiste en una activación insular de determinadas cualidades en unión con la activación de otras poblaciones neuronales dedicadas al procesamiento de determinados atributos del estímulo y de las emociones.

El debate acerca de si la belleza puede ser definida en términos objetivos o subjetivos continúa vigente. Aunque en la actualidad las neurociencias, con sus nuevas y sofisticadas técnicas de neuroimagen, arrojan un poco de luz sobre este espinoso asunto.

Los resultados de estas experiencias llevaron a los autores a concluir que en la apreciación estética influyen tanto factores objetivos (armonía cromática, regla de tercios, sección áurea, equilibrio compositivo, etc.) como variables subjetivas relativas a las modas, a la formación y la experiencia personal.

Por lo tanto, parece que el libro de los gustos no está en blanco, sino que nuestra historia evolucionista ha marcado en nuestros genes preferencias por determinadas configuraciones perceptivas. Sin más, la belleza se muestra como un símbolo que permite identificar un modelo de clasificación social debido a que el cuerpo se ha convertido en un objeto que se moldea a gusto según sean las referencias estéticas vigentes.

La búsqueda desesperada por alcanzar la belleza física ha llevado a que tanto hombres como mujeres desafíen a su cuerpo y se sometan a innumerables transformaciones con reconstrucciones estéticas por medio de diferentes y variadas técnicas, algunas riesgosas para su salud.

Cuando la belleza se convierte en el norte que guía, las conductas obsesivas terminan por imponerse, con riesgos para la salud global, afectando la autoestima, con trastornos de la imagen corporal y una percepción equivocada del propio cuerpo.

Estos trastornos afectan la manera en como uno se ve, siente y se comporta en relación con el propio cuerpo y el cuerpo de los demás; las consecuencias se reflejan en conflictos relacionales con aislamiento y temor a compartir socialmente, así como en trastornos de la conducta alimentaria.

Como se deduce, todos estos trastornos traen consecuencias severas para la salud; incluso, al no ser atendidos a tiempo, pueden causar la muerte.

Y tal cual escribió el historiador del arte Ernst Gombrich, "los elementos de la belleza como la valoramos estéticamente están profundamente relacionados con nuestra herencia biológica y, para muchos, la verdad es belleza y la belleza es verdad".

Bibliografía:

  • Di Dio C, Macaluso E, Rizzolatti G. The golden beauty: brain response to classical and renaissance sculptures. PLoS One. 2007 Nov 21;2(11):e1201. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/pmid/18030335/
  • Mora, Francisco (2011). El Científico Curioso. Editorial: Temas de hoy. ISBN: 9788499980805.
  • Semir Zeki (2016). El significado de la belleza: la neurobiología de las experiencias estéticas. III Festival de Ciencia, Fundación Puerto de Ideas. Antofagasta, Chile. https://vimeo.com/166361139
  • Changeux, Jean-Pierre (2010). Sobre lo verdadero, lo bello y el bien. Un nuevo enfoque neuronal. Editorial: Katz. ISBN: 9788492946204.
  • Golombek, Diego (2011). Cavernas y palacios. Colección: Ciencia que ladra. ISBN:9789876291934.
  • Sixto J. Castro (2014). Sobre la belleza y la risa. Editorial: San Esteban. ISBN: 9788482603117.
  • Eisner, Eliot W (2004). El arte y la creación de la mente: El papel de las artes visuales en la transformación de la conciencia. Editorial: Paidós Ibérica. ISBN: 9788449315190. 

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