23 de Noviembre de 2017

Cerebro y consumismo (consumopatía)

El consumismo es una adicción generada a partir de la compra indiscriminada de bienes con el objetivo de conseguir felicidad. Nuestro cerebro busca satisfacción en una actividad vacía que, incluso, puede resultar patológica. Cuando se alcanzan estos estadios, se requiere de ayuda especializada.

Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar para el Desarrollo Humano).


El consumismo es una anomalía del comportamiento humano que consiste en la compra indiscriminada de bienes y servicios que no son necesarios; es un apetito desaforado inducido por la publicidad comercial inherente a una sociedad de consumo, una adicción involuntaria e incontrolable que puede derivar en problemas personales serios. 

Hay estudios que confirman que cuando por algún motivo sentimos que no tenemos el control de algo, salir "compulsivamente" de compras nos reafirma y nos devuelve la sensación de tener la "sartén por el mango". Cuando el acto de comprar se convierte en una necesidad, es imposible de controlar o causa sentimientos de culpa -incluso problemas familiares y económicos-, estamos ante un problema parecido a una adicción.

Se considera que una persona es adicta cuando desarrolla una dependencia psicológica y física. Es decir, adopta una conducta repetitiva y compulsiva con respecto a un comportamiento determinado.

Sin dudas, se puede decir que la población joven constituye uno de los sectores más proclives a la práctica de la adicción consumista. La extensión actual de la adicción al consumo entre la juventud hace temer que la actual generación de jóvenes pueda derivar el día de mañana en adultos con graves problemas de compra impulsiva, sobre-endeudamientos y adicción al consumo. El comportamiento más característico es la tendencia a comprar objetos inútiles y la adquisición de elementos que no se relacionan con los gustos personales. Por lo general, las compras superan el poder adquisitivo del afectado.

En la gran mayoría de los compradores, el estímulo al consumismo está condicionado por el aprendizaje de la asociación entre estados de recompensa generados por la acción, que se transforma en un principal incentivo para convertirse, posteriormente, en un factor predictivo de recompensa. A partir de esa capacidad de aprendizaje, tales mecanismos cerebrales y las conductas asociadas, si bien parecerían comportamientos fijos y determinados en el cerebro, son flexibles y se pueden cambiar con distintas condiciones ambientales, a veces de forma rápida y radical.

Cuando un estímulo se destaca entre todos los demás, genera una mayor intensidad con liberación de dopamina en el circuito cerebral conocido como el circuito de recompensa. Esa información se transmite a la corteza cerebral, contribuyendo a generar una motivación, una especie de estado interno que activa, dirige y mantiene una conducta con un propósito para obtener un fin (conducta motivada).

La recompensa se ofrece a menudo como un incentivo por la realización de una tarea (es el premio o compensación obtenida con una acción determinada); es un estímulo para condicionar un comportamiento.

El sistema de recompensa neuronal consiste en mecanismos nerviosos que permiten sentir que la estimulación recibida durante una acción se percibe como gratificante, a tal punto que esta recompensa puede alterar el comportamiento posterior. Esto contribuye a la formación de preferencias para determinados estímulos con refuerzo positivo, al igual que aquellos que desarrollan preferencias para los estímulos asociados con la recompensa de las drogas, alimentos, etc.

El proceso sería el siguiente: se capta alguna pista ambiental que se transforma en estímulo y la posibilidad de recompensa activa la motivación, controlada por la vía mesolímbica.

Una zona de la corteza cerebral, la orbitofrontal, le otorga importancia al estímulo ambiental, lo convierte conscientemente en motivación y, por último, en placer evocado. Es decir, cuando se disfrutó de algo, cuando algo provocó placer una vez, se lo evoca y se lo anticipa.

En todo este proceso participa la dopamina, la cual funciona en forma tónica con un nivel estable, o de manera fásica, generando "picos". Al generarse un "pico" de dopamina se enciende el sistema de recompensa para lo que se vaya a buscar y aparece la memoria hedónica que motiva a trabajar en busca de algo mejor a lo esperado porque implica algo bueno ya experimentado una vez.

Otra zona del cerebro, la corteza prefrontal (encargada de las funciones superiores y ejecutivas tales como el razonamiento, el juicio, el discernimiento, la capacidad de espera, diferimiento, etc.), se ocupa de la inhibición, la demora y el análisis.

En la adicción, cuando el pico de dopamina desciende, que es mucho más elevado que en las recompensas naturales, se genera una sensación molesta de displacer, malestar e insatisfacción que incita a volver a la acción para calmar el desasosiego. Todo depende de la capacidad de procesamiento e integración sensorial, cognitiva y motora; es decir de un proceso dinámico necesario para llevar adelante las acciones amén de una organización neuronal que permita el desarrollo del proceso.

Es posible determinar varios tipos de consumismos: a) experimental: el consumo del producto o servicio se produce por novedad o curiosidad; b) ocasional: el consumo es intermitente, basado en la disponibilidad del bien o servicio o en la satisfacción de necesidades no permanentes; c) habitual: cuando el consumo ya forma parte de las actividades cotidianas del sujeto y d) abusivo: cuando la compra o adquisición de los productos es un síntoma secundario a otro trastorno psicológico como la depresión, la ansiedad o, incluso, la demencia.

De todos modos, el consumismo morboso o de dependencia es la primera forma de consumo patológico y se manifiesta como una propensión exagerada al consumo que se alimenta de un impulso incontrolable.

Los criterios diagnósticos son: 

  • Impulsividad excesiva y repetición de la conducta de compra, pese a las consecuencias negativas que le trae a la persona.
  • Se realizan compras únicamente por impulso.
  • Dificultades en el control de los impulsos.
  • Comportamientos obsesivos.
  • Necesidad urgente e irreprimible de comprar.
  • Dependencia a esta actividad.
  • Intentos fracasados de controlar gastos.
  • Disgusto por haber gastado el dinero tontamente.
  • Cuando se siente triste o deprimido suele comprar para animarse.
  • Cuando ve algo que le gusta, no se lo quita de la cabeza hasta que lo compra.
  • Compra cosas inútiles que después se arrepiente de haber comprado.
  • Se le va el dinero sin darse cuenta.
  • A menudo, cuando recibe el extracto de las tarjetas se sorprende al ver compras que había olvidado.
  • Frecuentemente se precipita comprando cosas sin haberlo pensado bien.
  • Compra ropa o cosas que después no se usa. 

Entre los factores etiológicos más importantes, figuran: 

  • La preexistencia de rasgos psicológicos específicos que combinan el ser “caprichoso” con la impulsividad, la habilidad y un nivel alto de ansiedad en relación con la compra.
  • La insatisfacción personal, la sensación de tedio o aburrimiento y la falta de alicientes no consumistas que entre los jóvenes es muy frecuente. La depresión solo parece estar detrás de un número reducido de casos, en su mayoría mujeres. Sin embargo, son los de mayor gravedad.
  • La mayor aceptación de valores consumistas y la vulnerabilidad psicológica hacia los mensajes que relacionan el consumo con la felicidad, el éxito social y el prestigio personal.
  • El bajo nivel de autoestima y la desconfianza hacia las propias aptitudes o habilidades.
  • Escapar del dolor, la tensión o la frustración.
  • Personalidad mal integrada. Desajustes emocionales, intelectuales, sociales y ausencia de proyecto de vida. 

Para comenzar con el tratamiento es fundamental que el sujeto tome conciencia de que padece una adicción a las compras. En estos casos se requiere de ayuda especializada, comprensión y afecto de los familiares y amigos más cercanos, convirtiéndose uno en el “tutor voluntario”. 

La terapia busca, ante todo, estabilizar al paciente y ayudarlo a salir de la sensación de vacío que a veces lo acompaña. Sin embargo, es necesario que la sociedad entera tome conciencia de este problema y se realicen campañas de prevención y sensibilización ya que la situación está fuera de control por la sobrestimulación a la que nos vemos sometidos en todas partes y a todas horas.

Las familias han de hacer hincapié enseñándoles a sus hijos a autocontrolarse, frustrándolos en sus caprichos (aunque sea difícil).

Aprender a tolerar la frustración es imprescindible para convertirse en consumidores responsables. Sería necesaria una regulación de la publicidad y ofertas comerciales que estimulen la compra a crédito enmascarando los efectos verdaderos.

Bibliografía:

  • Lea SE, Webley P. Money as tool, money as drug: the biological psychology of a strong incentive. Behav Brain Sci. 2006 Apr;29(2):161-76; discussion 176-209. DOI: 10.1017 / S0140525X06009046.
  • Luo SX, Huang EJ. Dopaminergic Neurons and Brain Reward Pathways: From Neurogenesis to Circuit Assembly. Am J Pathol. 2016 Mar;186(3):478-88. doi: 10.1016/j.ajpath.2015.09.023. Epub 2015 Dec 24. <https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/pmid/26724386/>
  • Chavarría LMS. Estrategia publicitaria del consumismo y el impacto en la salud integral de la población adolescente. Revista Costarricense de Trabajo Social. 2006, N° 18. ISSN: 2215-5120. <http://revista.trabajosocial.or.cr/index.php/revista/article/view/97/110>
  • de la Puente F. Niños y jóvenes consumistas. PyM Escuela de Padres. Año 8. nº 58 / 1. <http://revistas.upcomillas.es/index.php/padresymaestros/article/view/1782/1528>
  • Ruiz Pacheco C, Conde Guerri ME. El uso del medio ambiente en la publicidad. Medio ambiente y comportamiento humano: Revista Internacional de Psicología Ambiental, ISSN 1576-6462, Vol. 3, Nº. 1, 2002, págs. 89-102. <http://mach.webs.ull.es/PDFS/VOL3_1/VOL3_1_e.pdf>
  • Leslie Lazar Kanuk; Leon G. Schiffman, 2005. Comportamiento del consumidor (8ª ED.). Editorial: Prentice Hall México. ISBN: 9789702605966.
  • Rafael Rodriguez Villarino; Jose Manuel Otero-Lopez, 2001. Adicción a la compra: análisis, evaluación y tratamiento. Editorial: Pirámide. ISBN: 9788436816143.
  • José Bonet, 2014. Cerebro, emociones y estrés. Editorial Ediciones B. ISBN: 978-987627493-7.
  • Gilles Lipovetsky, 2007. La felicidad paradójica. Editorial: Anagrama. ISBN: 9788433962669.
  • Zygmunt Bauman, 2007. Vida de consumo. Editorial: S.L. Fondo De Cultura Económica De España. ISBN: 9788437506111.
  • Tomás Moulian, 2015. El consumo me consume. Editorial: lOM ediciones. ISBN: 9789562820806.
  • Luis Enrique Alonso, 2005. La era del consumo. Editorial: Siglo XXI. ISBN: 9788432312151.
  • Juliet B. Schor, 2006. Nacidos para comprar: los nuevos consumidores infantiles. Editorial: Paidós Ibérica. ISBN: 9788449318757.

Imagen: Designed by snowing / Freepik


Te invitamos a conocer nuestra página de Facebook: NeurocienciasAsociacionEducar. Actualmente 809340 personas disfrutan de nuestras publicaciones gratuitas.