29 de Septiembre de 2015

Neurociencias en el aula: Entrevista a Alejandro Batista

“La interacción con los estudiantes y el ambiente general en el aula son condiciones indispensables para plantear un proceso de enseñanza – aprendizaje”.

Material de uso libre, sólo se pide citar la fuente (Asociación Educar).


Interesado desde siempre en la docencia, Alejandro Batista comenzó su historia como estudiante de abogacía en la Universidad Nacional de La Plata, en 1990, adonde concurrió desde su Ramallo natal, situado en la provincia de Buenos Aíres.

Fue ayudante de cátedra durante su etapa como alumno y luego comenzó su andar como docente de grado y de posgrado ―hace 15 años― en la asignatura Introducción a la Sociología y también en temas vinculados al Derecho. Ávido por incorporar nuevos conocimientos, se autodenomina como una persona con “sed por aprender”, ya que nunca detuvo sus ganas de capacitarse. Luego de la carrera de grado hizo un Máster en Finanzas Públicas (FCE-UNLP), posteriormente, una especialización en Derecho de Alta Tecnología (UCA-SMBA) y, actualmente, cursa el Doctorado en Sociología (UCA-SMBA).

Además, trabajó ejerciendo diferentes cargos de responsabilidad en la Administración Pública de la provincia y de la Nación. Su familia está conformada por su mujer, Verónica (abogada también) y sus dos hijos Mateo, de 12 años, y Benicio, de 8 años.

¿Cómo te surgió la necesidad de buscar información distinta de la que ya tenías?

Me interesa la temática de neurociencias; venía leyendo algunos libros al respecto como “El Hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, de Oliver Sacks; “Cavernas y Palacios”, de Diego Golombek; “Ágilmente” y “EnCambio", de Estanislao Bachrach y “Usar el Cerebro”, de Facundo Manes, de modo que cuando en Facebook tomé conocimiento del curso de Neurociencia aplicado a la educación, y además con la posibilidad de hacerlo en la modalidad no presencial, la verdad es que no lo dudé.

¿Qué información nueva te sumó el curso de Capacitación Docente en Neurociencias que realizaste?

Mucha y muy importante a la hora de planificar el desarrollo de las clases, la interacción con los estudiantes y el ambiente general en el aula. Esto último es fundamental para lograr, sobretodo en un curso de primer año de la facultad, las condiciones indispensables para plantear un proceso de enseñanza – aprendizaje. Como vimos, sin esto, cuando hay distancia, incertidumbre, ansiedad y miedo es imposible avanzar incluso con aquellos que se quedan en el curso ya que muchos optan por abandonar.

Te pido que me cuentes en dónde trabajás y qué actividades realizás con el grupo de jóvenes que tenés a cargo.

Desde hace más de 15 años soy profesor adjunto ordinario de la asignatura Introducción a la Sociología en la Carrera de Abogacía de la Universidad Nacional de La Plata[1]. Como se trata de una de las primeras materias tengo estudiantes que son ingresantes, y recién comienzan a transitar una carrera universitaria. En general, son adolescentes aunque también hay casos de personas de mayor edad.

¿Podrías desarrollar el proyecto que quisiste llevar a cabo con los estudiantes? ¿Qué te llevó a pensarlo?

El proyecto en sí fue introducir técnicas o herramientas aprendidas durante el curso para mejorar el ámbito y la relación con los participantes de mi asignatura en la facultad en el curso correspondiente al primer cuatrimestre de 2015.

¿Qué dijeron tus alumnos cuando les propusiste la tarea?

Se despertó un gran interés al incorporar aspectos y menciones, en especial durante las primeras semanas en las que hacíamos referencias a cómo aprende nuestro cerebro, y cómo podemos hacer que ese proceso sea más atractivo y más productivo para todos. Hay que señalar, no obstante, que al ser ingresantes no tienen aún un parámetro para comparar.

¿Qué cambios observaste en su comportamiento luego del trabajo realizado?

Para mí, que tengo en mi haber las experiencias anteriores, fue un cambio notable en el ambiente de trabajo, sumamente relajado. A decir verdad, fui el primer beneficiado con ello. Desde hacía unos años que venía con bastante disgusto por el desarrollo de los diferentes cursos, con las expectativas y las respuestas de los estudiantes, etc.

¿Qué sentiste frente a las primeras reacciones?

Sentí que realmente funcionaba lo que había aprendido en el curso, sin que ello implicara lograr milagros porque hay muchas variables en juego. Pero con la continuidad del curso e incluso con las conversaciones que hoy tengo con ex alumnos del cuatrimestre pasado con los que me encuentro en la facultad se nota que el ambiente fue muy agradable.

Te pedimos que nos cuentes alguna anécdota que te haya llamado la atención durante la experiencia realizada.

Por haber sido la primera vez que iba a aplicar algunas ideas de las que vimos en el curso de Neurosicoeducación estaba con muchas ganas de experimentar, en particular, con todo aquello vinculado con crear un mejor contexto, generar “impacto” con actitudes diferentes, etc., de modo que me quedaron varias anécdotas.

Hay una que fue muy significativa y creo que marcó de alguna manera todo el contexto del curso en lo sucesivo. Fue el primer día de clases, temprano. Al llegar empezaron las primera palabras de bienvenida, y entonces dije “seguro que muchos de ustedes preferirían estar tomando unos buenos mates a esta hora, en lugar de cursar, ¿o no? A ver, levante la mano quién preferiría estar tomando mates”.

En ese momento, yo mismo fui el primero en alzarla, y así se sumaron varios más. Entonces, abrí mi mochila, saqué mi equipo de mate y se lo entregué a uno de los estudiantes que había levantado la mano, diciendo: “Bueno, ¿por qué no hacemos las dos cosas?”.

De allí en adelante varios sumaron sus propios equipos de mate y el clima en el aula fue mucho más amigable y distendido que con los cursos anteriores.

En otra oportunidad, para enfatizar que el proceso de enseñanza – aprendizaje que queríamos llevar adelante es mutuo, horizontal, con un ida y vuelta entre el profesor y los participantes, para contrastar grafiqué la idea tradicional que se tenía de la figura docente subiéndome al escritorio y conversando desde allí.

Finalmente, y dado que nuestro curso es sobre sociología jurídica, para conversar sobre la temática de interacción social, les propuse dejar el aula. Nos fuimos de la facultad y nos instalamos en la esquina de la Plaza San Martín sobre las escalinatas del Pasaje Dardo Rocha, en La Plata, para observar a la sociedad y sus integrantes interactuando en vivo y en tiempo real.

¿Pudiste cumplir con los objetivos que te habías propuesto?

¡Sin dudas! El objetivo durante el Curso Neurosicoeducación fue aprender y llevar a mis clases herramientas que pudieran mejorar el proceso de enseñanza – aprendizaje. Los recursos que seleccioné tenían que ver con el clima en el aula y la relación con los estudiantes y eso mostró una mejora ostensible.

¿Cuál fue el resultado de la experiencia?

La experiencia ha sido altamente satisfactoria porque se logró conformar un muy buen clima de trabajo cordial con los estudiantes y debo decir que el primer beneficiado de ello fui yo, que en algunos cuatrimestres anteriores ya venía algo contrariado por los resultados, por la falta de lectura o de dedicación en muchos casos, etc. Lo cierto es que ese ánimo se transmitía y lejos de mejorar empeoraba el clima. Noto que eso cambió radicalmente.

¿Qué resultados esperás a largo plazo con este proyecto? ¿Tenés en mente realizar alguno nuevo?

Creo que aplicando y mejorando a partir de lo aprendido es posible mantener un nivel de creatividad y de innovación interesante, y me gustaría poder demostrar a largo plazo que incluir técnicas neurocientíficas en el aula, además de mejorar la relación con los estudiantes, puede incrementar sus niveles de aprendizaje y disminuir la tasa de deserción. Para ello es necesario sistematizar aún más la experiencia y construir herramientas que me permitan documentar, fundamentar y difundir los resultados entre mis colegas profesores.

[1] También da clases en el Posgrado, pero menciona su asignatura de grado que es donde mayormente ha aplicado lo aprendido en el curso.


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