¿Por qué no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos?


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Investigadores del Instituto de Neurología del University College de Londres escanearon los cerebros de varias personas cuando recibían cosquillas de otros y también al hacérselas a sí mismas, encontrando que las áreas responsables de procesar la percepción táctil se hallaban mucho menos activas si el estímulo provenía de los mismos participantes.

Esto se debe a que al coordinar nuestros movimientos el cerebro tiene la capacidad de predecir el efecto que estos causarán. Por consiguiente, podrá desactivar ciertas funciones de la corteza somatosensorial (encargada de detectar estímulos tales como el tacto, el sonido, la luz, el dolor, el frío, el calor, etc.) que ignorará circunstancias consideras como no peligrosas, como es el caso de las auto cosquillas registradas en nuestra piel por dos tipos de receptores (nociceptores y mecanorreceptores).

Un ejemplo sencillo de cómo nuestro cuerpo puede acostumbrarse o desestimar impulsos no dañinos se da cuando utilizamos ropa, calzado o un anillo que en principio nos resultan incómodos y molestos, pero con el paso de los minutos se convierten en algo completamente imperceptible. 

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