¿Por qué un alimento descompuesto o el alcohol nos pueden hacer vomitar?


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Cuando ingerimos un alimento o bebida que nos cae mal es normal creer que el afectado será el estómago. Sin embargo, realmente lo que sucederá es que el bulbo raquídeo (situado debajo del puente troncoencefálico), a través de sus quimiorreceptores, se encargará de detectar diversas sustancias en la sangre. Al encontrar variaciones anormales –como las que pueden desencadenar alimentos en mal estado o el exceso de alcohol– decidirá activar una serie de mecanismos ocupados de eliminar todo lo que se encuentra desde la faringe al estómago –y en raras ocasiones incluso en el duodeno– para así prevenir una posible intoxicación o envenenamiento. 

Este mecanismo existe porque en el mundo natural nos encontrábamos expuestos a muchos alimentos que podían poner nuestra vida en peligro. Recordemos que en nuestros inicios fuimos carroñeros y recolectores, lo que realmente implicaba todo un desafío para el sistema digestivo.

¿Por qué ver a alguien vomitando puede generarnos ganas de hacerlo?

También nuestro pasado como especie tiene mucha relación con todo esto. Los homos sapiens vivíamos en comunidades de entre 100 y 600 individuos, en un territorio en donde las variedades alimenticias eran muy pocas. Probablemente si alguien de nuestro grupo sentía malestar por haber consumido algo tóxico, nosotros también lo hubiéramos hecho, por lo que, de modo preventivo –aun sin todavía tener síntomas–, este mecanismo se activaba.

¿Por qué dar vueltas rápidamente puede desencadenar la misma sensación?

Uno de los síntomas más frecuentes de intoxicación son los mareos, pudiendo también ser ocasionados por los movimientos bruscos que desequilibran el sistema vestibular del oído interno (relacionado con el equilibrio y el control espacial) e indicando la existencia de una incongruencia entre lo que ven nuestros ojos y lo que recibimos del oído. Esto lleva a indicarle al estómago que inicie la expulsión del posible tóxico.

¿Por qué podemos desencadenarlo voluntariamente?

Al inicio de la faringe existen receptores que al ser estimulados por nuestros dedos desencadenan en el bulbo raquídeo la misma actividad que la detección de toxicidad en la sangre.

Para tener en cuenta:

Las nauseas y los vómitos también pueden ser desencadenados por infecciones o lesiones, por lo que en casos de sentir que este proceso es anormal o muy frecuente se recomienda visitar a su médico.

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