27 de Marzo de 2017

Neuromito #1: La dominancia hemisférica determina cómo se aprende

Cada vez más instituciones educativas permiten que la Neuroeducación ingrese en sus aulas. De esta manera, los docentes y maestros obtienen nuevas herramientas para desarrollar recursos y técnicas con enfoques metodológicos novedosos y más efectivos en sus clases. No obstante, la aparición de algunos neuromitos exige la toma de ciertos recaudos a la hora de aplicar diferentes conceptos en la escuela.

Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar para el Desarrollo Humano).

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La Neuroeducación es un campo que ayuda, cada vez más, a reducir la brecha entre la neurociencia y la educación. Además, ha sido fundamental para llevar la investigación de las ciencias del cerebro al salón de clases. Así, los educadores adquieren nuevas herramientas para desarrollar recursos y técnicas con enfoques metodológicos novedosos y más efectivos en el aula.

¿Pero qué sucede cuando los hallazgos de la neurociencia se malinterpretan en la escuela?

Paul Howard-Jones, investigador en el Centro para la Mente y el Cerebro en Contextos Educativos y Sociales, de la Universidad de Bristol, Reino Unido, advirtió que los neuromitos o “el malentendido generado por una mala interpretación de la información científica” exigen tomar ciertos recaudos a la hora de aplicar algunos conceptos en la educación. Además, añadió que las “malas interpretaciones son más generalizadas en el ámbito educativo de lo que se piensa y que estos “neuromitos pueden, en última instancia, entorpecer el trabajo al que aspira el logro educativo”.

"Hay generalmente una semilla de verdad que subyace en todos estos mitos cuando uno explora en ellos y trata de entender de dónde vienen, pero finalmente queda muy distorsionada y eso es preocupante”, agregó Howard-Jones.

En el intento de aclarar algunos temas, se presentarán, en artículos consecutivos, algunos de los neuromitos comunes conjuntamente con la “semilla” de la que cada mito proviene, así como los hallazgos de las neurociencias que los desmitifican.

Neuromito:

La dominancia hemisférica (es decir, que a una persona se la considere de cerebro izquierdo o cerebro derecho) determina cómo se aprende.”

¿De dónde viene?

En la década del 60´, Roger Sperry, Joseph Bogen y Michael Gazzaniga emprendieron lo que ahora se conoce como los estudios de “cerebros divididos”. El grupo trabajó sobre los pacientes, por lo general epilépticos, que habían sido sometidos a un procedimiento quirúrgico que cortó el cuerpo calloso, un grueso haz de fibras nerviosas que conecta los dos hemisferios del cerebro. Los investigadores descubrieron que este procedimiento daba lugar a algunas diferencias hemisféricas sorprendentes sobre la cognición.

En un ensayo para la revista Nature Neuroscience acerca de su investigación sobre cerebros partidos o divididos, Gazzaniga escribió: “Nada podrá reemplazar mi recuerdo singular: el del momento en que descubrí el caso WJ, quien no podía describir verbalmente (desde su hemisferio izquierdo) estímulos presentados a su hemisferio derecho recién desconectado”.

De este modo, el grupo demostró que cortar el cuerpo calloso influyó en la capacidad del paciente para percibir y describir la información, dependiendo de qué lado del cerebro haya sido operado.

Más de cuatro décadas después, dicha investigación ha sufrido una metamorfosis en la cultura popular. Se ha usado para describir estilos de aprendizajes (visual o verbal), así como diferentes tipos de personalidades. Libros y revistas populares argumentan que la “dominancia hemisférica” o de qué lado del cerebro la persona es más activa, nos habla de lo que somos. De esta manera, se piensa que los individuos de cerebro izquierdo son más analíticos, mientras que los de cerebro derecho son más creativos y expresivos. Inclusive, hoy en día se pueden encontrar todo tipo de libros educativos instruyendo a los profesores sobre cómo aprovechar los dos hemisferios diferentes para fomentar el aprendizaje óptimo en el aula.

La desmitificación:

Gazzaniga, director del Centro Sage para el Estudio de la Mente de la Universidad de California, en Santa Bárbara, Estados Unidos, aseguró que no podría haber predicho que su investigación sobre cerebros partidos o divididos se convertiría en una parte de la cultura popular cuando comenzó el trabajo hace más de 40 años.

Al ser consultado sobre este tema, respondió riéndose entre dientes: “La idea tomó vuelo y cobró vida en sí misma”. Y añadió: “Esto tiene sentido si se piensa en ello como una manera muy fácil de explicar lo que se sabía (en aquel momento) acerca de los mecanismos del cerebro y las habilidades cognitivas. Pero en la actualidad la idea es demasiado simple y exagerada”.

Asimismo, Gazzaniga indicó que el trabajo sobre cerebros divididos se convirtió en “una mezcolanza”. El trabajo psicológico y educativo sólido demuestra que los niños utilizan una gran variedad de estrategias cognitivas para resolver problemas. “Hay algunos niños que visualizan problemas y otros que los verbalizan. Y algunos educadores usan esos términos, visuales y verbales”, marcó. “Esa realidad ha sido mapeada en el hemisferio izquierdo y derecho, y tiene una explicación anatómica. Pero ahí es donde se cae el mito, debido a que los mecanismos neuronales reales sobre estas estrategias cognitivas de trabajo son mucho más complejas. La cognición, en general, es mucho más complicada que eso. Eso es lo que he aprendido con los años y seguimos aprendiendo a medida que estudiamos las diferencias hemisféricas”, concluyó el neurocientífico.

En el aula, entonces, no se debería “rotular” a los estudiantes como de hemisferio izquierdo o derecho, tampoco como chicos visuales, auditivos y/o kinestésicos. Las capacidades de los seres humanos de aprender van más allá de estas variables. Si consideramos que incorporamos conceptos a partir de la información que nos llega a través de todos los sentidos, estaríamos no solo ampliando el panorama y las actividades áulicas sino también eliminando etiquetas que hacen que los estudiantes crean que son realmente así y que están determinados a aprender de tal o cual forma. Esto hace que su autoestima se vea perjudicada y no intenten experimentar aprender de diferentes maneras para que cada uno encuentre la que le resulta más adecuada.

Una vez desmitificado el mito y justificado el porqué esta visión no es la mejor manera de ofrecer conocimientos en el aula, sugerimos continuar leyendo sobre aprendizaje sensorial o multisensorial para enriquecer las prácticas educativas.

Aquí les ofrecemos un ejemplo:

Documentamos varios momentos en sala de 4 años cuando se abordaba la unidad temática “Conociendo mi cerebro” para compartir prácticas pedagógicas que incluyen, entre otros abordajes, aprendizaje sensorial múltiple.

Naturalmente, en Jardín de Infantes no tenemos la posibilidad de ver un cerebro “de verdad”, así que ofrecimos ver una serie de ilustraciones que mostraban el órgano de estudio desde diferentes perspectivas. Acompañando las imágenes la señorita contaba ciertos aspectos. En clases siguientes, los niños aprendieron una canción con coreografía que los ayudó a hacerse del vocabulario, el cual era completamente nuevo para ellos.

Seguramente, de haber sido la unidad “frutas y verduras” hubiese sido más sencillo (podríamos haber probado, por ejemplo, papas preparadas de diferentes formas: fritas, en puré, frías y con mayonesa, etc.). Fue allí cuando ante la imposibilidad de conocer mejor aquello que estábamos abordando mediante los sentidos que son poco frecuentes en el aula (como el gusto y el olfato), la creatividad de la docente nos sorprendió: llevó a la clase siguiente gelatina preparada en un molde de cerebro.

Los niños, asombrados por lo que veían, tuvieron la oportunidad de usar un combo de sentidos para saborear tal manjar.

Entre las últimas actividades para culminar la unidad temática, esperamos a los niños en la sala con papel de diario. Mientras la maestra daba la consigna cada uno de ellos logró hacer dos bollos de papel que, llegado el momento, adherimos entre sí con mucho pegamento. Así fue como pudieron sostener en sus manos cerebros de papel maché hechos por ellos mismos y observar que el órgano que regula todas las actividades de nuestro cuerpo y nuestra mente está compuesto por dos grandes partes (hemisferios), unidas por mucho pegamento (cuerpo calloso), el cual permite que la información pase a gran velocidad desde un lado hacia el otro.

La actividad de finalización del proyecto se realizó en formato de clase abierta a la que invitamos a las familias, abuelos, amigos y/o vecinos. Los niños de 4 años fueron capaces de contar todo aquello que habían aprendido como así también qué comidas y qué actividades convienen hacer para mantener el cerebro sano. La anécdota final vino de la mano de Joaquín, quien, cuando la señorita preguntó si recordaban algo para contar, el niño respondió: “Sí, comimos gelatina y estaba muy rica”.

La neurociencia, definitivamente, tiene un lugar en el aula. En la actualidad, hay mucha información valiosa sobre el cerebro que puede ser de gran ayuda en la práctica docente si podemos encontrar una manera de comunicarla con eficacia.

Referencias:

  • Brain in the News, Publicación DANA, Edición impresa, 13 enero de 2015.
  • Howard-Jones PA. Neuroscience and education: myths and messages. Nature Reviews Neuroscience, 2014. 15(12): 817-824.
  • Gazzaniga MS. Forty-five years of split-brain research and still going strong. Nature Reviews Neuroscience, August 2005. 6: 653-659.

Imagen: Designed by Olga_spb / Freepik


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