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Saber mentir, es una ventaja evolutiva
El saber mentir es ventajoso desde el punto de vista de la supervivencia, por ello la evolución ha integrado este rasgo a la naturaleza humana. Esta es la razón por la que todos los seres humanos podemos mentir tan bien.

En muchas ocasiones mentimos, incluso, sin saberlo, ya que podemos hacerlo inconsciente y espontáneamente, de igual manera que respiramos o sudamos.
Cualquier persona que no sea capaz de mentir, está en una clara desventaja. Pues tiene todas las posibilidades de convertirse en un marginado social, debido a que la vida social humana gira en torno a la mentira, aunque nos cuesta mucho reconocerlo y aceptarlo.
El mundo sería insoportable si fuéramos siempre honestos los unos con los otros. Nuestra vida social, tal como la conocemos, sufriría un colapso.
Y aquí reside una interesante paradoja: todos queremos ser libres para mentir, pero no queremos ser víctimas de las mentiras.
Quién no pide honestidad a los demás, pero se reserva el derecho de mentir cuando lo considera necesario.
Claramente, desde una perspectiva evolucionista, en la supervivencia grupal, el uso sensato del engaño es mucho mejor que la honestidad total.
Precisamente por eso, nosotros y muchas otras especies somos mentirosos expertos.
Pero con esto, no queremos decir que mentir sea lo mejor desde el punto de vista moral. No estamos defiendo la deshonestidad, simplemente describiendo por qué la mentira forma parte indiscutible de la naturaleza humana.
Evidentemente, no es una bonita imagen para nuestros egos, pero es la verdad y debemos aceptarlo, como debimos hacerlo con otras verdades dolorosas en el pasado, ¿para que mentirnos?
Pero para nuestra tranquilidad y para no sentirnos solos en esto, también hay muchas filmaciones de primates mintiendo.
En una de ellas, un babuino que era perseguido por otro, para distraer a su persecutor, fingió ver a un depredador.
En otro video, se puede ver a un chimpancé que sabía dónde había comida escondida y, para evitar que los otros chimpancés lo descubrieran, fingió que no conocer el escondite.
En general, cuanto más inteligente es la especie de primate, más tiende a utilizar la mentira cuando se correlaciona con sus congeneres.
Richard Byrne y Andrew Whiten, dos primatólogos pioneros en el estudio de este tipo de comportamiento en monos, postularon la llamada hipótesis de la inteligencia maquiavélica. Establecieron que el papel desempeñado por la mentira en la vida social de estos animales, contribuyó a la rápida expansión de su inteligencia.
En general, mentimos para obtener algún tipo de beneficio, ya sea poder, estatus, dinero o sexo. Mentir nos permite conseguir lo que queremos mediante la manipulación de otros individuos.
Pensemos en algunos ejemplos de la vida diaria: quién no ha mentido alguna vez en sus currículos para conseguir trabajo, o para evitar pagar impuestos, o para lograr acercarse al sexo opuesto.
Tampoco podemos olvidar a los políticos, que mienten con mucha frecuencia para conseguir mantenerse en el poder y aunque sea una pena, muy a menudo los mentirosos son los grandes ganadores del juego de la vida.
El cerebro abdominal
El doctor M. Gershon, jefe del Departamento de Anatomía y Biología celular de la Universidad de Columbia y autor del libro EL SEGUNDO CEREBRO afirma que los seres humanos poseen dos cerebros, uno ya conocido, ubicado en nuestras cabezas y otro localizado en las entrañas.
En una entrevista publicada en el New York Times, este facultativo expresó, "El sistema nervioso entérico es un vasto almacén químico en el que están representadas todas y cada una de las clases de neurotransmisores que operan en nuestro cerebro".
Este segundo cerebro está constituido por un nudo de nervios cerebrales en el tracto digestivo. Se piensa, lo constituyen alrededor de 100 mil millones de células nerviosas casi tantas como las que forman el cerebro cefálico.
Las estadísticas confirman que el 40 por 100 de los pacientes que son vistos por los médicos internistas presentan problemas gastrointestinales. La mitad de éstos tienen trastornos funcionales, es decir, que sus órganos digestivos no trabajan adecuadamente, pero nadie acierta a explicar por qué, ya que ninguno presenta alteraciones anatómicas o químicas.
Debido a que el segundo cerebro trabaja en la oscuridad, a menudo es infravalorado por los médicos como fuente de patologías, señala el profesor Gershon.
¿Pero qué necesidad hay de tener dos cerebros?
El investigador opina, que se trata de una adaptación evolutiva mas, de cuando nuestros predecesores emergieron del cieno y adquirieron una espina dorsal, y desarrollaron un cerebro en la cabeza y un estómago con una mente propia.
Según Gershon, el cerebro principal delegó las funciones digestivas a un segundo cerebro, para dedicarse a otros menesteres relacionadas con la supervivencia tales como la caza, la huida ante posibles enemigos y la búsqueda de pareja.
Desde entonces, los dos sistemas nerviosos –el central y el entérico– han evolucionado en forma paralela, alcanzando ambos su mayor complejidad en el ser humano.
En palabras de Michael Schemann, fisiólogo de la Facultad de Veterinaria en Hannover, Alemania, “si el encéfalo hubiera asumido las tareas del cerebro entérico, nuestro cuello debería tener un diámetro formidable, para dejar paso a los manojos de fibras nerviosas que manejarían nuestras tripas”.
La función principal del aparato digestivo es la de aportarle al organismo agua, sales y nutrientes. El cerebro abdominal por lo tanto esta preparado para reaccionar ante cualquier distensión de la luz intestinal así como también a la presencia de toxinas intestinales y gérmenes patológicos que puedan alterar los movimientos o la calidad de las secreciones intestinales.
Ambos cerebros están muy interrelacionados por medio de fibras nerviosas y aunque el cerebro digestivo recibe en todo momento información del cerebro craneal, éste no le dicta como debe funcionar.
El flujo de información que se transfiere desde el aparato digestivo al cabeza es mayor que el número de ordenes que corren en sentido inverso.
El Profesor Wolfgang Prinz, piensa que la red estomacal puede ser el origen de decisiones inconscientes que el cerebro principal reclama posteriormente, como una decisión consciente de él mismo.
La naturaleza ha querido que los intestinos cuiden de sí mismos y puedan controlar funciones tan vitales como son los movimientos peristálticos del aparato gastrointestinal, la absorción, la proliferación de las células mucosas y la defensa contra agentes patógenos, un cometido que realiza en colaboración con el sistema inmunológico.
Es importante conocer que el túnel gástrico hospeda a más de 500 especies de microorganismos, algunos de los cuales son potencialmente letales. Recientes investigaciones confirman que el sistema nervioso entérico se forma a partir de células que migran hacia el aparato digestivo desde tres puntos distintos de una estructura embrionaria llamada cresta neural.
El resultado de la partición, son dos cerebros conectados entre si por los nervios vagos y la médula espinal. A medida que descendemos por el tubo digestivo, el cerebro cefálico va cediendo su poder a su colaborador gástrico.
La primera manifestación de la mente entérica, se hace notar en los movimientos peristálticos del esófago inferior, que todavía precisan de la intervención del SNE (sistema nervioso entérico) para su coordinación.
Esta actividad gastrointestinal está en manos de una de las dos partes en que se divide el cerebro abdominal. Nos referimos al plexo mientérico o de Auerbach, que descansa entre las capas musculares longitudinal y circular de la pared intestinal.
El otro plexo, que ocupa la zona submucosa, recibe el nombre de submucoso o de Meissner, y controla fundamentalmente la secreción y el flujo sanguíneo local. 
Un poco más abajo, el cerebro vuelve a tomar el control, justo a nivel del esfínter gastroesofágico, la puerta que permite el paso de los alimentos deglutidos hacia el estómago. E OCURRE EN LAS TRIPAS SE SIENTE EN
Emeran Mayer, de la Universidad de California en los Ángeles, estudia las relaciones entre los dos cerebros.
Por ejemplo, si a un grupo de voluntarios se les dilata el intestino grueso con un globo inflable hasta que sientan dolor, se puede registrar la reacción que se produce en el cerebro de personas sanas y en enfermas con síndrome de colon irritable.
En la imagen, se puede ver, que las que padecen de colon irritable, presentan (en color violeta), actividad en las zonas de malestar (1) y de la memoria emocional (2), y memorizan con mayor persistencia el dolor causado por el ensayo.
Sin embargo, las personas sanas (color amarillo) estimulan las regiones de represión del dolor en el tallo cerebral (3) y en la parte frontal del cerebro (4).
Cuando el colon irrita la masa pensante
Los estrechos vínculos entre esta pareja de cerebros empiezan a ser precisados por los científicos, lo que ayudará a comprender el origen de ciertas patologías gástricas y psíquicas, según dice el profesor Gershon.
Las similitudes estructurales y bioquímicas entre ambos, explican por qué los medicamentos destinados a solventar los trastornos mentales afectan a los intestinos, y viceversa.
Por ejemplo, la secretina duodenal está siendo probada como posible tratamiento para los niños autistas.
Un conocido fármaco contra la migraña calma los intestinos hiperactivos. Los antidepresivos, en cambio, provocan trastornos digestivos.
Sin ir más lejos, el Prozac, que actúa aumentando la concentración de serotonina en los circuitos neuronales, puede desajustar el movimiento reflejo peristáltico, lo que a veces desencadena problemas de estreñimiento o diarrea.
La última terapia experimental contra el síndrome de colon irritable se basa en el estudio del cerebro abdominal. Esta patología, que afecta al 20 por 100 de la población, causa dolores abdominales, evacuación irregular y acumulación de aire en los intestinos.
Los médicos desconocen por qué el colon de estos pacientes funciona mal. Sin embargo, el profesor Mayer cree que la causa de este síndrome, al igual que la de una cincuentena más que afectan al sistema gastrointestinal, está en una mala comunicación del sistema nervioso entérico con el cerebro.
Este neurólogo alemán ha descubierto que parte de los mensajes del cerebro intestinal llegan al cerebro emocional, una región del cerebro que, entre sus muchas funciones, modula las sensaciones desagradables del cuerpo.
En los pacientes afectados por el síndrome de colon irritable, el sistema límbico tiene un umbral de sensaciones negativas anormalmente bajo, por lo que las señales molestas de baja intensidad producidas en los movimientos intestinales, que en las personas sanas son suavizadas y anuladas, son percibidas como dolorosas.
“Curiosamente, los deprimidos y ansiosos muestran unas alteraciones similares”, dice el profesor Mayer.
Esta manifiesta hipersensibilidad podría estar provocada por situaciones de estrés mantenido, que menoscaban el buen funcionamiento entre los dos sistemas cerebrales.
Gershon afirma que lo que ha sido considerado tradicionalmente como enfermedades digestivas psicosomáticas, por conflictos que se generaban en el cerebro emocional, se asocian ahora en cambio con anormalidades propias y reales del cerebro intestinal.
Las investigaciones en esta dirección han dado, hasta la fecha, resultados muy difusos, pero los científicos no dudan de que nuestro cerebro entérico tiene todavía muchas cosas que revelarles en el futuro.
Correr es también un ejercicio mental
La actividad física y correr son también un ejercicio mental. Un nuevo estudio halló que las personas que participaron de un entrenamiento físico de trote suave, obtuvieron mejores puntuaciones en pruebas intelectuales después de comenzar con el programa.
Esta investigación fue llevada a cabo en la Universidad Nihon Fukushi, en Handa, Japón, y liderada por el Dr. Kisou Kubota, y los hallazgos de la misma han sido presentados en el congreso anual de la Sociedad Americana de Neurociencias, en San Diego (EEUU)
Kubota y su equipo de trabajo, investigaron a siete personas jóvenes y sanas, quienes comenzaron con un sistema de ejercicios de "jogging" que consistía en trotar durante 30 minutos, entre dos a tres veces por semana, durante tres meses.
A la par, a cada uno de los participantes, se le realizaba una serie de pruebas complejas diseñadas en computadoras, cuyo objetivo era comparar la capacidad para memorizar objetos antes y después del plan de entrenamiento.
El resultado encontrado fue que el puntaje obtenido en las pruebas, aumentaba de forma significativa, así como la rapidez al completarlos a medida que avanzaban en el plan de actividad física.
Para mantener la fiabilidad del trabajo, los investigadores en ningún momento permitieron a los participantes practicar con los 'tests' durante el tiempo de duración del estudio.
Según Kubota, estas pruebas mostraron que los jóvenes presentaban una clara mejoría en las funciones prefrontales del cerebro, y observo además que las puntuaciones comenzaban a bajar si los participantes abandonaban el entrenamiento.
Otros investigadores de la Duke University de Carolina del Norte, realizaron un trabajo de investigación con personas de edad a las que sometieron a un programa de actividad física de cuatro meses de duración y estos también encontraron un aumento muy significativo en la memoria y otras funciones mentales o cognoscitivas.
En una revisión de proyectos realizada por el Departamento de psicología de la Universidad Nacional de Australia, se demostró que el ejercicio es antidepresivo, antiestrés y mejora los estados de ánimos de las personas que participan en programas de entrenamiento
En las beta-endorfinas, sustancias estimulantes, pueden encontrarse también parte de la explicación de los resultados de estos trabajos de investigación. Se sabe que las endorfinas se sintetizan en el cerebro de forma natural, elevan el umbral del dolor y retrasan así la percepción de la fatiga en el esfuerzo físico. Son muy similares a los derivados del opio y producen sensación de bionestar.
En su comunicado a la Sociedad de Neurociencias, el Dr. Kisou Kubota, expreso que consideraba que esta información podría contribuir con los profesionales, para que tengan en cuenta a los ejercicios, como trotar, para desarrollar una estrategia más de tratamiento para ayudar a las personas de edad y a las que padecen de la enfermedad de Alzheimer'' a mejorar sus funciones cognoscitivas.
Y por supuesto no quedan dudas que realizar ejercicio físico nos ayuda a todos a mejorar nuestra UCCM (unidad cerebro mente), así que a no dudarlo y lo invitamos a trotar suavemente al menos dos veces por semana.
Y no nos olvidemos que la clave está en la constancia y la regularidad.
El Libro Neurótico
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- Autores:
- Dr. Carlos Logatt Grabner – Marita Castro
Los dedos anulares de hombres y mujeres pueden permitir predecir algunas características de la personalidad.
Estudios realizados en hombres y mujeres en la Universidad de Alberta Canada y en el Hospital St. Thomas, de Londres, demostraron que la relación entre la longitud de los dedos índice (D2) y anular (D4) , daban muestras de la cantidad de testosterona que habían recibido las personas investigadas durante su etapa fetal en el útero, y que esta determinaba algunas características individuales.
Uno de los primeros investigadores interesado en estudiar la relación entre la longitud de los dedos y la salud, es el profesor John Manning, de la Universidad Central Lancashire, Inglaterra, quien afirma que este tipo de estudios se tornaran cada vez más comunes.
Uno de los últimos trabajos de investigación, fue llevado a cabo por el Dr. Peter Hurd, psicólogo de la Universidad de Alberta Canada, y su colaboradora Allison Bailey, quienes demostraron que la mayor longitud de los dedos anulares predice personalidades tendientes a la agresividad física.
Desde hace mucho se conoce que la longitud del dedo índice en relación a la del dedo anular difiere entre hombres y mujeres, recientemente, se ha podido encontrar una correlación directa entre la longitud de los dedos y la cantidad de testosterona a la que se expone el feto en el útero, o también a la sensibilidad de los receptores a dichas hormonas. 
Estos receptores parecen encontrarse en células de la medula espinal primitiva, la que a su vez contiene los genes Hoxd y Hoxa a cargo de la formación de los dedos y de los genitales externos.
Según afirma Manning, las hormonas sexuales tienen un gran efecto en cómo se desarrollan órganos como el cerebro, el sistema nervioso y los músculos, y por ello un indicador de la cantidad de hormonas sexuales a las que está expuesto un individuo reside en la longitud relativa de sus dedos.
Si el dedo índice (D2) es más corto que el dedo anular (D4), la cantidad de testosterona prenatal que recibio ese individuo es mayor, y probablemente mostrará mayor agresividad física a lo largo de su vida. Es interesante que estas disimilitudes también existan en los primates subhumanos y los roedores.
La investigación de Hurd y Bailey, fue publicada en el Biological Psychology, y realizada a través de encuestas y mediciones de manos de 300 estudiantes de la Universidad de Alberta. El cuestionario utilizado para determinar lo anterior, incluyó ocho preguntas sobre hostilidad, siete de indignación o exasperación, cinco de agresión verbal y cinco de agresión física.
El trabajo, mostró que no había relación entre la longitud de los dedos y las conductas de agresividad verbal, enojo, o comportamiento hostil, pero que sí la había con conductas físicamente agresivas.
Con los resultados obtenidos en este estudio, se refuerza la teoría de que una parte importante de nuestra personalidad se determina mientras todavía estamos en el útero.
Actualmente Hurd estudia las longitudes de los dedos de jugadores de hockey y la comparación de los resultados con el tiempo de penalización de cada jugador.
Proporción de los dedos índice y anular en mujeres:
Otra investigación pero realizada en mujeres fue dirigida por Tim Spector, del Hospital St. Thomas, de Londres.
Las mujeres, en su mayoría tienen un anular más pequeño o de igual longitud que el dedo índice, por lo cual un anular más largo es una excepción.
Spector pudo realizar su trabajo, examinando los rayos X de las manos de 607 gemelas del sexo femenino de edades comprendidas entre los 25 y los 79 años y, tras su investigación de comparar la longitud de sus dedos, pudo llegar a la sorprendente conclusión, de que las mujeres con dedos anulares más largos, se destacan en la mayoría de los deportes, sobre todo en los que hay que correr, como sucede con el tenis o el fútbol.
El estudio, fue publicado en el British Journal of Sports Medicine y como vimos anteriormente, esta correlación se debe al nivel de testosterona al que se vio expuesto el feto en el vientre materno, y cuanto mayor es ese nivel, se desarrollará más características como fuerza física, fertilidad, capacidad para las matemáticas.
Pero, el tener un mayor nivel de testosterona, también aumenta la probabilidad de morir antes de ataque cardiaco, explica Spector.
La longitud relativa de los distintos dedos de la mano ha sido también asociada en otros estudios a distintos rasgos de la personalidad como sexualidad, inteligencia, o habilidad musical.
Investigación como éstas, no permiten sacar conclusiones sobre la personalidad, basándose solo en las longitud de sus dedos.
Pero si pueden ayudarnos a comprender un poco más acerca del origen de nuestra personalidad y abren un camino para explorar cómo particularidades aparentemente no relacionadas, si lo podrían estar por genes compartidos.
Peter Hurd además de interesarse por estudiar el comportamiento agresivo y su relación con el cerebro, también investiga cómo el proceso de diferenciación sexual produce diferencias individuales del comportamiento social, y se puede conocer más de sus trabajos visitando la web de la Universidad de Alberta. (http://www.psych.ualberta.ca/~phurd/)
El Dr. Tim D Spector realiza otras investigaciones que pueden ser vistas en : http://www.tim-spector.co.uk/cv.html
Ilusiones
Debes concentrarte en mirar solo el cuadradito blanco que hay en la parte superior se la imagen, aproximadamente por medio minuto, y notaras que desaparece la franja blanca que hay abajo.

El efecto de que la línea blanca desaparece, y dejamos de percibirla, se debe al cansancio que se produce en la retina.
