26 de Octubre de 2011

Nota Neurosicoeducación en el Aula. Diario Clarín 26/10/2011

En esta nota del diario Clarín verás cómo la Asociación Educar y varios de sus integrantes implementan la neurosicoeducación en los colegios.

Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar).


Suplemento educación – Pag. 11 – Mónica García. Especial para Clarín.

“Cerebros en plena acción”

Los Neurosicoeducadores basan sus técnicas de enseñanza en el conocimiento de la mente y la conducta humana. Experiencias en colegios primarios y secundarios.

Una meta nada sencilla de los Neurosicoeducadores: conseguir que los estudiantes conozcan cómo funciona el cerebro, comprendan los vericuetos de la conducta humana y logren un buen manejo de la propia.

Carlos Logatt Grabner, presidente de la Asociación Educar –que promueve este enfoque educativo- lo explica así: “La educación siempre se centró en enseñar herramientas para la supervivencia y en transmitir costumbres y valores de la cultura, olvidando lo que debiera ser su función principal: modelar buenos seres humanos”.

Durante meses esta asociación y el Colegio Río de la Plata realizaron un proyecto sobre Neurosicoaprendizaje con alumnos de primaria y secundaria, que terminó con una presentación de los chicos en las segundas jornadas de Neurosicoeducación, que pueden ser vistas online en www.asociacioneducar.com/proyectos-neurosicoeducacion

La neurosicoeducación tiene sus raíces en la teoría de las inteligencias múltiples del psicólogo Howard Gardner – que la semana pasada recibió el premio Príncipe de Asturias- y la inteligencia emocional de Daniel Goleman. En la Argentina suscriben a este enfoque entre otros el Colegio del Alto Sol, de Bernal; el Colegio Magnus, de Salta; el Río de la Plata Centro (Barrio Norte) y Sur (Berazategui); y el Mar del Plata Day School.

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Para los Neurosicoeducadores comprender el funcionamiento de la mente conduce a una mejor convivencia, en la que predominen la tolerancia, la justicia, la igualdad de oportunidades y la aceptación de las diferencias interculturales. Logatt Grabner explica que en todas las personas hay un determinismo genético que los hábitos culturales pueden hacer que se exprese o no: “Con la menta pasa algo parecido: un chico tuene tener aptitud para pintar, pero si nunca se la fomenta no la desarrollará”, ejemplifica el especialista.

Si bien en la escuela y en las familias no se habla de determinismo genético, suele rondas el prejuicio de los chicos “están hechos” de determinada manera y no pueden cambiar. Muchas veces se cree, por ejemplo, que si un alumno se porta mal desde primer a tercer grado, no podrá tener conducta a partir de cuarto. “El trabajo intraemocional es lo que puede lograr que un chico cree que ‘no le da’ se transforme en una buen alumno”, sostiene Lucrecia Prat Gay, directora de Inglés y cofundadora del Río de la Plata Sur.

Para esta Neurosicoeducadora, la clase es que los alumnos aprendan a expresarse desde muy pequeños. Que puedan decir que están tristes porque no les sale una tarea o porque se pelearon con un amigos, delante de sus padres, sus maestras o sus propios compañeros.

Prat Gay explica que para lograrlo es importante que los colegios promuevan que los chicos hablen sobre lo que comen, cómo duermen y de las cosas que los hacen sentir orgullosos. “Desgraciadamente, no está en nuestra cultura decir ‘estoy orgulloso de…’ y, por eso, tenemos que enseñar a nuestros alumnos a sentir orgullo de algo propio y diferente; porque también deben aprender que en la variedad está lo interesante”.

Estos educadores, además apuestan a que los chicos actúen como maestros en sus propios hogares. “Es un granito de arena tras otro: todo lo que aprenden en la escuela lo llevan a la casa; y a la vez, sus padres al trabajo y a los hogares de sus amigos”, sostiene Malén Ries de Centeno, directora de los colegios Río de la Plata.

¿Cuántas veces las maestras se preguntan cómo deben enseñar y qué cosas es importante que sus alumnos aprendan? La respuesta de Ries Centeno puede sorprender: “Que los chicos no escuchen; no me importa cuánto aprendan de Matemática, de Geografía o de Historia, sino que tengan la capacidad de poder hablar y decir qué quieren. Que puedan contarles a sus compañeros qué les duele cuando los ignoran o no los consideran”, confiesa Malén, y señala que el mejor lugar para enseñarles esto –que luego podrán aplicar en el trabajo y en otros órdenes de la vida- es el colegio.

Los Neurosicoeducadores creen que cuando un niño entiende cómo funciona el cerebro, comprende el sentido de las cosas que le pasan y los motivos de los demás. “Entiende que la gente no es mala, sino ignorante; y que hacen lo que hacen porque no aprendieron que debían hacerlo de otro modo”, dice Prat Gay, y ejemplifica con una cotidianidad: “El que estaciona en doble fila no lo hace porque pretender arruinarte el día”.

La escuela, ¿un trauma?:

Quién no escucho o dijo alguna vez frases como “el colegio puede traumarte”, “uno aprende a pesar de la maestra” o “el sistema escolar excluye”, entre tantas otras expresiones de quienes revelan o temen una experiencia escolar negativa.

La Neurosicoeducación toma estos temores como un aspecto central para elaborar una forma diferente de educar, que sostiene que en el colegio se puede tanto aprender que uno no sirve para nada como lograr lo que llaman eficacia percibida: conocer las propias potencialidades y limitaciones, y estar dispuesto a trabajar para mejorarlas.

“Si un cerebro aprendió que puede superarse –explica la Neurosicoeducadora Marita Castro- es posible que esa persona lo logre; pero si terminó el colegio pensando que no servía, sus neuronas se lo van a gritar toda la vida y, probablemente siempre las escuche.

Para superarse el cerebro debe aprender a razonar. Pero en muchas escuelas las fórmulas del éxito aún depende de la memoria y peor aún, de la posición socioeconómica del alumno: “Los mejores vestidos, los que tienen más dinero y los buenos deportistas logran aceptación y oportunidades de destacarse. Pero en la universidad donde llegan los mejores cerebros, esos valores no funcionan. Por eso, se da que a buenos alumnos secundario no les va bien en la facultad”, sostiene Logatt Grabner y cuenta una anécdota: “En el secundario era muy vago y siempre me llevaba Anatomía. Nadie podría imaginar que iba a ser médico y menos que menos, que mi promedio en esa materia iba a ser 10”.


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