08 de Febrero de 2017

Neurobiología de las sustancias psicoactivas (segunda parte)

Las personas consumen sustancias psicoactivas a la espera de beneficios. Sin embargo, está ilusión tiene una duración muy corta.

Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar para el Desarrollo Humano).

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Consecuencias adversas de las sustancias psicoactivas y sus mecanismos de acción

Generalmente las personas consumen sustancias psicoactivas porque esperan un beneficio, ya sea obteniendo placer o evitando el dolor. Pero el uso también es potencialmente nocivo a corto plazo o largo plazo.

Los principales efectos nocivos pueden dividirse en cuatro categorías. En primer lugar, las sustancias producen efectos crónicos sobre la salud. En el caso del alcohol, esto incluye la cirrosis hepática y otras enfermedades crónicas; el cigarrillo, por su parte, conduce al cáncer de pulmón, el enfisema y otras enfermedades. Debido al uso compartido de agujas, el consumo de heroína inyectada constituye un importante medio de transmisión de agentes infecciosos, como el VIH y, en varios países, los virus de las hepatitis B y C. En segundo lugar, las sustancias tienen efectos a corto plazo sobre la salud biológica; en el caso de los opioides y el alcohol se destacan las sobredosis.

También se incluyen en esta categoría las muertes causada por los efectos sobre la coordinación física, la concentración y el juicio en circunstancias en las que estas cualidades son necesarias. En este grupo se destacan los fallecimientos por conducir bajo los efectos del alcohol o de otras drogas, pero también otros accidentes, los suicidios y, al menos en el caso del alcohol, las agresiones. La tercera y la cuarta categoría de efectos nocivos comprenden las consecuencias sociales adversas del consumo de sustancias. Esto se traduce en problemas sociales agudos (la ruptura súbita de relaciones o los arrestos) y crónicos (el incumplimiento de las obligaciones laborales y familiares).

Consumo y dependencia de sustancias en relación con la neurociencia

Neuroanatomía, neurobiología y farmacología

La dependencia es un trastorno causado por el consumo de sustancias psicoactivas que trastornan los procesos cerebrales perceptuales, emocionales y motivacionales normales. Sin embargo, como ocurre con cualquier trastorno específico de un órgano o sistema, para comprender la disfunción antes es necesario entender su funcionamiento normal.

Con los progresos recientes de la neurociencia ha quedado claro que la dependencia de sustancias es un trastorno cerebral, tanto como cualquier otra enfermedad neurológica o psiquiátrica. Las nuevas técnicas e investigaciones han proporcionado formas de visualizar y medir los cambios de la función cerebral desde los niveles molecular y celular hasta los cambios de los procesos cognitivos complejos producidos con el consumo de sustancias a corto y a largo plazo.

Psicofarmacología de la dependencia de diferentes clases de sustancias

Las sustancias psicoactivas más comunes pueden clasificarse como depresores (por ejemplo: el alcohol, los sedantes/hipnóticos y los disolventes volátiles), estimulantes (por ejemplo: la nicotina, la cocaína, las anfetaminas y el éxtasis), opioides (por ejemplo: la morfina y la heroína) y alucinógenos (por ejemplo: la fenciclidina –PCP–, el LSD y el cannabis).

Diferentes sustancias psicoactivas tienen distintas formas de actuar en el cerebro para producir sus efectos. Se unen a los receptores y pueden aumentar o disminuir la actividad de las neuronas a través de varios mecanismos. En consecuencia, tienen diversos efectos conductuales, ritmos de aparición de la tolerancia, síntomas de abstinencia y efectos a corto y largo plazo. No obstante, las sustancias psicoactivas comparten características similares en la forma de alterar regiones cerebrales implicadas en la motivación. Esta es una característica trascendente en las teorías sobre el desarrollo de la dependencia.

Bases neurobiológicas y bioconductuales del desarrollo de la dependencia de sustancias

El desarrollo de la dependencia puede considerarse como parte de un proceso de aprendizaje, en el sentido de que las interacciones entre las sustancias psicoactivas y los entornos asociados a ellas producen cambios de conducta perdurables. Una persona toma una sustancia y experimenta un efecto psicoactivo que es muy prolongado.

El etanol, por ejemplo, aumenta los efectos inhibidores del ácido γ-aminobutírico (GABA) y reduce los efectos excitadores del glutamato. Los efectos reforzadores probablemente estén relacionados con el incremento de la actividad de la vía dopaminérgica mesolímbica. Por su parte, la nicotina activa los receptores colinérgicos nicotínicos y acrecienta la síntesis y liberación de dopamina.

 La tolerancia aparece mediada por factores metabólicos y cambios de los receptores. Asimismo, debido al aumento del metabolismo hepático y a los cambios de los receptores cerebrales. Los hipnóticos y los sedantes facilitan las acciones de los neurotransmisores inhibidores endógenos.

El síndrome de abstinencia del consumo crónico puede incluir: temblores; sudoración; debilidad; agitación; cefaleas; nauseas; vómitos; convulsiones y delirium tremens. Asimismo, alteraciones funcionales y estructurales cerebrales, especialmente en la corteza prefrontal; deterioro cognitivo y disminución del volumen cerebral. Además, este síndrome se caracteriza por: la ansiedad; excitabilidad; inquietud; insomnio; irritabilidad; convulsiones; hostilidad; humor deprimido; disforia; disminución de la frecuencia cardíaca y aumento del apetito.

Bibliografía:

  • Mackay J, Eriksen M (2002). The tobacco atlas. Geneva, World Health Organization.
  • WHO (1999). Global status report on alcohol. Geneva, World Health Organization.
  • UNODC (2003). Global illicit drug trends 2003. New York, NY, United Nations Office on Drugs and Crime.

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