Es importante aprender a estar atentos a nuestro futuro para poder construir una vida que nos permita ver y planificar acciones venideras, pero sin dejar a un lado el disfrute de las vivencias presentes.

Anticipar el final de una buena experiencia es una manera eficaz de disfrutarla más

Fecha 11 de Diciembre de 2017

“Todo tiene un final todo termina”, dice la canción creada por Ricardo Soulé y Juan Carlos Godoy, interpretada por la banda argentina Vox Dei, que se transformó en una de las canciones más destacadas e influyentes del rock nacional.

La ciencia parecería haber tomado estas 6 palabras como catalizador para investigar sobre el bienestar humano, centrándose en cuán importante son los finales para las personas.

Kristin Layous, del Departamento de Psicología del Estado de Carolina, estudió durante un mes a 140 estudiantes universitarios a quienes dividió en dos grupos. Uno de ellos debía vivir ese mes como si fuera el último en la ciudad universitaria, poniendo atención en las personas y lugares que consideraban especiales sabiendo que luego ya no los verían. La otra mitad, el llamado grupo de control, solo debía seguir sus días como siempre.

Durante la investigación, los participantes cada semana debían expresar cómo iban trascurriendo sus días. Además, antes de iniciarse el trabajo y tras finalizarlo, todos los jóvenes completaron encuestas en donde se podía medir su bienestar a través de preguntas de cuán satisfechos estaban con sus vidas, cantidad y tipo de emociones positivas y negativas que sentían, grado de conexión con las otras personas, etc.

El grupo que debía imaginar que era su última etapa en la universidad en comparación con el grupo control aumentó su nivel de bienestar, debido a que la perspectiva de que terminarían la etapa en la universidad los llevaba a enriquecer y disfrutar más de sus experiencias.

De esta manera, Layous y sus colaboradores consideraron que imaginar el tiempo como escaso impulsó a las personas a aprovechar y valorar más cada momento y, de este modo, a sentirse más conectadas con sus entornos y vivencias.

Esta investigación también se puede relacionar con la liderada por Laura Carstensen, del Centro de Longevidad de la Universidad de Stanford, quien analizó la teoría de la selectividad socio-emocional, que pone en evidencia cómo nuestro sentido del tiempo afecta nuestras metas y relaciones.

Por ejemplo, cuando se distingue el tiempo como ilimitado y amplio, existe cierta tendencia a preferir actividades de inversión a futuro; por el contrario, cuando lo percibimos como breve y limitado, o sea que el fin de esa etapa es cercano, tendemos a preferir alternativas que se sientan bien en el aquí y ahora.

De hecho, las personas de más edad comienzan a notar que los horizontes temporales se reducen, y eso las lleva a invertir en situaciones más significativas y a ser más selectivas.

La teoría de la selectividad socio-emocional no se trata solo de la edad de las personas, sino de la perspectiva del tiempo. Si se avizora un futuro más amplio es más fácil centrarse en lo que está por venir, mientras que si se tiene la sensación de que el tiempo está limitado el foco tiende a desplazarse hacia objetivos presentes y más orientados a la valoración del momento.

Pensar en nuestro futuro es importante y parte de nuestro desarrollo. Imaginar un porvenir prometedor nos hace sentir que hay algo positivo para nuestro bienestar, tal como muestran los estudios sobre nivel de esperanza del psicólogo y escritor Martin Seligman. No obstante, pensar en el aquí y ahora y disfrutar del presente también lo es.


Bibliografía:

  • Layous, K., Kurtz, J., Chancellor, J., & Lyubomirsky, S. (2017). Reframing the ordinary: Imagining time as scarce increases well-being, The Journal of Positive Psychology, 13(8), 301-308. doi: 10.1080/17439760.2017.1279210
  • Carstensen, L. L. (2006). The influence of a sense of time on human development. Science, 312(5782), 1913-5.

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