Cuando vemos parcialmente una imagen, nuestro cerebro la reconstruye inmediatamente debido a una predisposición biológica nacida con nuestros ancestros.

¿El cerebro nos engaña?

Fecha 06 de Noviembre de 2013

Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar).


El cerebro tiene la capacidad de unificar partes para formar un todo: esta predisposición es biológica y puede explicarse por nuestra historia evolutiva. Cuando nuestros ancestros vivían en la sabana africana entre ramas, arbustos y árboles era sumamente importante detectar posibles depredadores, parejas o presas. Por este motivo, los fragmentos de una imagen pueden ser enlazados para construir una figura completa que permita reconocer lo que se observa.

Un ejemplo de lo dicho sería ver a través de una cerca una imagen y lograr reconocer lo que se encuentra detrás.

Este fenómeno denominado complementación amodal se genera debido a que el sistema visual percibe de modo automático objetos y superficies que, en realidad, están parcialmente ocultos. Se llama amodal porque la parte que es complementada no se basa en la percepción real del estímulo por el sistema visual humano.

Un ejemplo de complementación amodal muy conocido e interesante es la ilusión desarrollada por el psicólogo italiano y fundador del Instituto de Psicología de Trieste,  Gaetano Kanizsa. Se lo denominó Las patas de la gallina (creado en 1979), en donde la imagen parece estar formada por piezas sin conexión.

Cuando a estas patas dispuestas geométricamente se les dibujan 3 barras diagonales hacen que percibamos mágicamente un hexaedro. 

La ilusión se produce al ver las "patas" como posibles vértices, al quedar oculta algunas líneas de las mismas. Lo mismo sucede si a las "patas" se le quita alguna parte de sus contornos. La ausencia de los mismos da lugar a que aparezcan bandas oblicuas muy claramente. 

En ambos casos, el cerebro usa su capacidad de unir las partes y de inferir de forma automática las figuras. Si se miran nuevamente las imágenes anteriores, sabiendo que lo que se ve es una ilusión, no es posible evitar que el cerebro siga encontrando al hexaedro.

Otra imagen, y las más conocida de Kanizsa, descrita por primera vez en 1955, es la del ilusorio triangulo blanco que parece estar superpuesto a tres círculos. En este caso, se suma a la complementación amodal, la modal que hace que el cerebro perciba el perfil completo de un objeto inexistente. Este efecto es conocido como contorno subjetivo, o figura de contornos ilusorios, ya que aunque vemos claramente delimitada una imagen, su contorno no existe como tal, ya que no hay líneas trazadas que lo formen.

Una figura más completa que la anterior y que suma otra ilusión es la siguiente:

Aquí el triángulo no sólo aparece sin estar, sino que además adquiere un color blanco más intenso que el espacio que le rodea aunque tiene el mismo brillo del fondo.

En ambos casos la complementación amodal se da por la ilusión de completar círculos. 

En el libro de Kanizsa, Gramática de la Visión. Percepción y pensamiento, publicado en  1986, se pueden encontrar muchas de las figuras que diseñó para percibir contornos ilusorios.

Un reconocido investigador de la percepción amodal y modal es el profesor Peter Ulric Tse del Departamento de Psicología y Ciencias del Cerebro en el Dartmouth College, EE.UU. Sus trabajos se centran en la visión humana, la atención, los correlatos neuronales de la conciencia, y la forma y el procesamiento del movimiento. 

Tse, diseñó figuras que producen la visión de contornos ilusorios y formas.En estas figuras el cerebro percibe unas series de aros en la primera y unos cuadrados abiertos en el centro en la segunda (completados de forma amodal) que están puestos en unas barras (percibidas de forma modal). 

Otra característica de nuestro cerebro es la de a partir de unas manchas o fragmentos poco claros reconstruir una figura reconocible. Una de las imágenes más conocidas es la desarrollada por Richard Gregory, un gran experto en percepción visual y profesor emérito de Neuropsicología en la Universidad de Bristol.

Nuestro cerebro preparado para relacionarse con el mundo real, necesita darle un sentido a lo que ve y ha evolucionado para percibir objetos. Por lo tanto, las percepciones modales y amodales como las ilusiones que generan, se deben a esta capacidad que tan bien nos garantizó la supervivencia. Entonces, vale preguntarnos, ¿el cerebro nos engaña o cuida de nuestra supervivencia? Indudablemente, nos cuida.

Las ilusiones visuales nos resultan simpáticas y atractivas a todos, pero además son una muestra clara para que tengamos presente el legado evolutivo que vive y existe en cada uno de nosotros.


Referencia:

  • Hubbard, E. M., Arman, A. C., Ramachandran, V. S., & Boynton, G. M. (2005). Individual differences among grapheme-color synesthetes: brain-behavior correlations. Neuron, 45(6):975-85. DOI: 10.1016/j.neuron.2005.02.008