Vivir cerca de espacios naturales o simplemente pasar un rato en ambientes verdes puede ser una buena y sencilla alternativa para generar condiciones favorables en nuestra salud mental.
  • 11 de Junio de 2018

Nuestro cerebro se ve beneficiado por los espacios verdes

Todos nos sentimos bien y disfrutamos cuando nos encontramos en espacios con árboles, césped y plantas: alcanza con ver lo que sucede en las plazas o parques los fines de semana llenos de personas disfrutando de la naturaleza.

Muchas investigaciones presentan cómo las zonas verdes o el arbolado son elementos claves para mantener una buena calidad de vida y favorecer el bienestar de las personas.

En el año 2013, la revista Psychological Science presentó un trabajo encabezado por el doctor Mathew White, del Centro Europeo para el Medio Ambiente y la Salud Humana de la Universidad de Exeter, en Inglaterra.

White y su equipo observaron que los espacios verdes en las zonas urbanas producen efectos positivos en salud mental y física de sus habitantes. Parte de su estudio utilizó información del British Household Panel Survey, un trabajo multipropósito, que comenzó a realizarse en 1991, en el cual se encuentran volcados datos de la población del Reino Unido.

Entre las características contempladas encontraron que las personas que viven cerca de espacios verdes tienen una mejor salud mental y que quienes se mudan cerca de estos lugares siguen manifestando mejoras aun tres años después de haberlo hecho. Este resultado puede deberse a que quienes que viven en estos ámbitos ven disminuidas sus respuestas del estrés. Es decir, a menor estrés mejores relaciones sociales y salud mental.

Otros valiosos trabajos sobre cómo un paseo por un parque es mucho más que una buena salida fueron realizados por la científica Frances Ming Kuo, quien lleva más de una década estudiando junto con su pares William Sullivan y Andrea Faber Taylor el efecto de los espacios verdes en los seres humanos en el laboratorio de Paisaje y Salud de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos.

Entre las conclusiones de sus indagaciones, destacan que en los entornos más verdes la gente es más generosa y más sociable. En cambio, en puntos donde hay menos entornos naturales, las tasas de agresión y delitos son más altas. Además, expresaron que sus estudios no dependen simplemente de lo que los participantes informan sobre lo que sienten cerca de la naturaleza. Los beneficios se han medido objetivamente con datos tales como informes policiales sobre crímenes, presión sanguínea, desempeño en pruebas neurocognitivas y medidas fisiológicas del funcionamiento del sistema inmune, entre otras, para darle el rigor que merece el tema.

Anteriormente Ming Kuo y su equipo habían analizado la correlación entre la ausencia de un entorno natural y la irritabilidad. Así constataron que la exposición a espacios verdes produce un mejor funcionamiento cognitivo, además de potenciar el autocontrol y la disciplina.

Investigadores del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano también consideraron este tema fundamental de ser estudiado y sumaron el uso de escáneres cerebrales. Los participantes del trabajo liderado por Simone Kühn formaban parte del Berlin Aging Study II (BASE-II), el estudio longitudinal más extenso que examina las condiciones físicas, psicológicas y sociales para un envejecimiento saludable. En total, 341 adultos de 61 a 82 años participaron y realizaron pruebas de memoria y razonamiento. Además, aceptaron que se observara su actividad cerebral a través de una resonancia magnética (MRI) para poder evaluar la actividad de regiones del cerebro que procesan el estrés.

Con el fin de examinar la influencia de la naturaleza en las distintas regiones del cerebro, los investigadores combinaron los datos de MRI con geoinformación sobre los lugares de residencia de los participantes. Esta información provino del Urban Atlas de la Agencia Europea del Medio Ambiente.

Los resultados presentaron que se podían notar mayores niveles de actividad en la amígdala (un núcleo central en el cerebro que desempeña un papel importante en el procesamiento del estrés y las reacciones al peligro) en los habitantes de las ciudades que en los de entornos con más espacios verdes.

Otro estudio liderado por el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental proporcionó evidencias de que los espacios verdes se asocian con una mejor percepción de la propia salud y a una mejor salud mental, independientemente del estado socioeconómico y género.

Mark Nieuwenhuijsen, líder del proyecto, expresó que los resultados obtenidos indicarían que estas asociaciones se explicarían por la reducción del estrés que nos proporcionan el estar y observar espacios naturales y que aún los pequeños espacios verdes, como generados por los árboles de las calles, son también beneficiosos para las personas.

Sin embargo, las indagaciones no se limitan a nuestra vida aquí en el planeta Tierra, sino que también amplían sus horizontes y llegaron a estudiar cómo en los viajes espaciales se debería incluir la vida vegetal, ya que interactuar con vegetación puede ayudar a reducir los problemas sociales y cognitivos asociados con estas travesías interestelares.

Sin dudas, los contextos ambientales influyen en nosotros y estas investigaciones nos ayudan a entender que sentarnos o caminar por una plaza cercana puede convertirse en una buena opción diaria para cuidar de nuestra UCCM (Unidad Cuerpo Cerebro Mente), así como pensar en poner algunas plantas en nuestros balcones y hogares, para disfrutar en algún momento de un espacio que nos ayude a relajarnos de las tensiones diarias.

Debemos comenzar a pensar en los espacios verdes como un componente que promueve nuestro bienestar y no como algo que simplemente decora o embellece un ambiente o una ciudad.

Bibliografía:

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